La divergencia cromática establece una diferenciación, tal vez dudosa, en todo caso permeable, surcada por multitud de significados adheridos o atravesando, a gusto y voluntad, surgiendo de múltiples fuentes, clavándose en la interpretación de cada necesidad. Transido de semas me siento indefenso defendiendo un recurso de tanta magnitud y tan poca sociedad, parece que somos y nadie más conoce la razón última de esta convergencia de fuerzas metafísicas e ideas físicas.
Pero esa pureza existe en el entramado de la polisemia, el hilo recorre cada posibilidad recabando, sin proponérselo, relaciones y referencias, y desde fuera parecería haber identidad o sucesión, nunca pureza u originalidad, especialmente junto a líneas fuertes y cercanas. Así que cabe despejar relaciones y establecer los límites de esa comprensión, tratar de alcanzar una definición más ajustada y mantener la claridad de sus competencias.
Supongo sin saberlo, que específicamente como veneno, todo se retrae a la nevada, derivando una rama distinta de la fruta mortal que determinó por igual nuestra ausencia en el plan general y la carga de esa culpa, ambas consecuencias culminando en cada fallecimiento, en esa línea, el fruto venenoso (de mortalidad relativa) es un eufemismo debilitado de el fruto de condena mortal. Aquí la inversión cromométrica es imprescindible, la regresión no solo se da en el espectro lumínico, precisamente contra su contraparte teórica y escencial, sino que esa reconversión determina la orientación polar de las tendencias y realizaciones, la muerte en sus dos dimensiones se convierte en realización y eternidad.
La imagen a nivel metafórico muy obvia, en general es todo tácito sin mayor mérito salvo el escaso foco progresivo y el detalle de las uñas.
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