Producto de el material frío y estable, agotado de radiaciones, producto de la consciencia de pertenecer a un pretérito difunto y llevar una existencia acrónica, producto de el extrañamiento de protagonistas ampliamente superados, el sitio vibra en modulación de lamento, tristeza y añoranza. Y si estoy yo, siendo tan cercano en amplitud y sincronía, dejo sintonizarme arriesgándome a ser lamento, tristeza y añoranza. La vibración, como caja selectiva, tamiza la memoria y veo más claramente los hechos concretos localizados e incluso dirimiendo aquellos que no te contienen (las referencias son irreductibles), tengo tal cantidad que aquí no halla lugar ni uno solo de ellos, ni tengo yo valor para anteponerlo. Aquí llega la reverberación, la vibración que choca en el eco que soy yo mismo, reconstruye el foco original y sonido es como el vacío que no se escucha cuando no te veo y la silueta es la imagen que queda vacía cuando veo tu ausencia.
La imagen refleja la conceptualización que inspira, se hace más poderosa pensando en cómo la silueta es parte de el vacío contrapuesto a una luz tan lejana como ajena.
2011/01/03
Calleja.
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