Son pocas las veces que planteo la exploración de las configuraciones físicas que habrán adquirido los tejidos y volúmenes de tu aspecto; a veces lo propongo como una lucha entre la escencia tratando de hacerse evidente y la materia confabulando para reinar en su propio reino; a veces niego toda variable y exijo que las variaciones sean funciones satelitales de determinados vectores ya conocidos y por lo tanto sin ningún cambio dramático ni nada que no hubiera estado latente ni esté latente en mi referencia; a veces veo sin verte y te reconozco conociendo la idea que anima su manifestación.
El tema salta con mayor frecuencia cuando sondeo realidades más posibles y trato de diseñar la situación de interferencia, es terrible temer que no pueda o puedas acertar engranando la percepción contingente con el respaldo iconográfico. Creo que no me puse en tú lugar de una manera concreta pero apunto a una reacción basada en un humor vacío, social y circunstancial; en cambio, cuando trato de representarme, las ideas me lastiman y me apartan de un sopesamiento más frío; solo puedo llegar a el puerto escencial donde asumo que podré verte más allá de cómo te veas.
La magen es, como fue detonadora de tales consideraciones, una dimensión suceptible de creerse, digamos que hay puntos que coinciden como la nariz concreta (en oposición a abstractamente poco definida) y el arco de cejas profusas, y que esos datos plantear una cuestión, no una respuesta.
Y en sí, la imagen reproduce las ondulaciones de el perfil en las ondulaciones de la silueta creando un vector potenciado por la mirada y orientado en la luz, tal vez la masa está muy centrada pero el resultado es propositivo.
2010/12/02
Proyecciones.
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