El mundo es infinito porque su finitud es inconmensurable, y se hacía finito cuando se enfrentaba a tu inconmensurable curiosidad.
Yo expectante me adelantaba como el palo de un ciego, apenas unos centímetros para racionalizar la experiencia, para hacerla perdurable, para ganar algo para mí pero siempre para sentirte a través.
Tú incansable buscando el detalle, deshojando, y sobre todo, maravillándote como si todo fuera nuevo y bello, convirtiéndolo todo en nuevo y bello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario